Comer juntos: el momento para el encuentro familiar

Comer juntos ha sido una tradición de nuestra cultura desde los tiempos de la antigua Grecia, allá en Esparta. Para los espartanos, el hecho de que todos sus ciudadanos comieran juntos era un acto de integración en el que se reforzaban y estrechaban los vínculos de unión social.

 

En nuestras sociedades modernas, el lugar de encuentro con los seres queridos sigue siendo el comedor. Allí, aunque cada vez por tiempo más breve, se da el momento para compartir experiencias, expresar sentimientos e incluso sostener discusiones sanas sobre distintos puntos de vista. Es el lugar y el momento cotidiano para integrarnos con nuestros afectos más cercanos.

 

Una manera de lograr que los familiares se comuniquen es haciéndolos recordar los momentos compartidos. La mayoría de las abuelas legó a sus hijos de manera oral un recetario, cuyas cantidades de los ingredientes medía “al ojo por ciento”. Lo más probable es que las generaciones siguientes intenten imitar el platillo sin los mismos resultados, pero con un poco de esfuerzo y mucho amor puede lograrse una copia bastante similar. Aproveche las celebraciones y prepare una de esas recetas de la abuela que todos recuerdan, sin duda el momento será mucho más especial.

 

También es importante alejar de la mesa elementos distractores. Hoy es una costumbre comer con el celular en las manos y revisarlo constantemente. Una familia que come unida debe dialogar y es frecuente ver que los comensales se pasan horas sin mirar quien tienen al frente porque el teléfono móvil los tiene ocupados enviando y recibiendo mensajes, videos, fotos, etc.

 

Es mejor trabajar en equipo

 

Las reuniones familiares se disfrutan mejor si todos participan en su organización. Si usted es de las personas que asume todo el trabajo, sepa que una muestra de afecto y reconocimiento es involucrar a toda la familia en los preparativos para la reunión. Es por ello que recomendamos hacerlos con suficiente antelación para que cada uno tenga su tarea asignada: quién se encargará de escoger la música, quién hará el postre, quiénes llevarán la bebida, y así con todo lo demás.

 

Una buena forma de lograr la comunicación entre todos los comensales es apelando a los recuerdos familiares que comparten.

 

Previo a la reunión, usted puede buscar sus viejos álbumes fotográficos y tenerlos a mano para el momento de la sobremesa. Sin duda todos se sentirán identificados y los recuerdos familiares vendrán solos a la mente de cada uno, haciendo de la conversación un momento ideal para reforzar los lazos de unión y con ello educar a los más pequeños sobre la importancia de vivir momentos en familiar. Por supuesto que a ese álbum se le agregará la fotografía que ese día se tomen para el recuerdo.

 

 

 

 

 

 

 

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